
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 26 de abril de 2023
La incredulidad es el rechazo o la oposición de una persona a creer algo. Se deriva de la desconfianza, el recelo, la sospecha, el escepticismo, la duda y hasta la ausencia de fe ante uno o varios hechos en apariencia verídicos. Pero con respecto a la naturaleza o esencia de los mexicanos no debemos sorprendernos cuando se confirma tal incredulidad, fundamentalmente si surgen ciertos acontecimientos de carácter público o vinculados con la política. La cosa empeora.
Este rasgo tan peculiar de los hombres y mujeres mexicanos no es nada nuevo, pues existe desde tiempos inmemoriables. Habrá quienes digan: así ha sido durante siglos. Es absolutamente cierto. En 1934, el gran filósofo Samuel Ramos Magaña (Zitácuaro, Michoacán, 8 de junio de 1897 – Ciudad de México, 20 de junio de 1959) publicó su libro “El perfil del hombre y la cultura en México” (México, Editorial Espasa), donde describe la composición del ADN de quienes nacimos en este país. Desde luego, Samuel Ramos estaba muy lejos de los descubrimientos científicos en genética, pero en su tiempo plasmó los principales rasgos de los mexicanos, latentes en sus genes desde la conquista española. Hoy no quiero extenderme en torno a dicha obra, de la cual solo utilizaré lo siguiente para ilustrar el tema de hoy. Escribió Samuel Ramos:
“La desconfianza del mexicano se da cuando no cree en algo. Por lo general desconfía de cualquier persona, de cualquier hombre, haciéndolo su enemigo en cuanto lo ve. Todo lo que existe, el mexicano lo juzgará a través de su desconfianza, casi siempre todo son teorías y nada es real”.
Todo lo anterior me sirve como preámbulo para referirme a lo acontecido alrededor del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, desde el domingo, hasta ayer. Se han escrito infinidad de cuartillas y difundido cientos de mensajes a través de las redes sociales con relación a la salud de López Obrador. La información oficial indica que se contagió por tercera vez de Covid-19 y por ello está aislado en sus aposentos del Palacio Nacional. Funcionarios importantes del gobierno federal han señalado que el padecimiento no es grave y que su corazón (afectado por tres infartos), funciona óptimamente, al ciento por ciento.
Ya se imaginarán ustedes lo que establecen los mensajes profusamente difundidos por quienes no forman parte del grupo gobernante y están insertados entre los adversarios del presidente. Cuestionan su capacidad física y mental para continuar al frente del gobierno y observan un vacío de poder, en tanto el titular de la Secretaría de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, se esfuerza por hacer su mejor papel para suplir a López Obrador en las conferencias mañaneras.
Aunque el presidente ha repetido, a lo largo de su sexenio, que no miente, no roba y no traiciona, una gran cantidad de mexicanos ya no le cree. Y le creen menos cuando poco a poco la sociedad es enterada respecto a centenares de mentiras (y declaraciones difícilmente comprobables) vertidas por López Obrador en las conferencias mañaneras. Asimismo, se revelan, día tras día, informes sobre la conducta de connotados miembros de la denominada Cuarta Transformación, la mayoría de las veces relacionados con corruptelas. Han quebrantado la confianza de los mexicanos. Prevalece, pues, la incredulidad aludida hace muchos años por don Samuel Ramos.
Por eso muchísimos mexicanos no creen que el presidente solo se haya contagiado de Covid-19 por tercera vez. Están seguros de que al hombre nacido en Macuspana, Tabasco, le pasó algo muy grave y que quienes detentan el poder lo están ocultando. En lo personal me atrevo a suponer, sin conceder, que AMLO se contagió de Covid-19 una vez más, pero el virus le afectó sobremanera la garganta y vías respiratorias superiores. Es exactamente lo que me sucedió hace casi dos meses, cuando de plano no podía hablar a causa del virus. Fiebres muy altas, dolor de cabeza, pérdida del olfato y el gusto, y demás síntomas a causa del padecimiento. No se le desea a nadie.
Pero como AMLO ha mentido sobremanera, no se le cree, como tampoco se le cree a sus principales colaboradores. Hoy que necesitan un gran efecto multiplicador para difundir que el presidente realmente volvió a contagiarse de Covid-19, predomina la “mala prensa”. La 4T está cosechando lo que ha sembrado: gran animadversión hacia lo que presuntamente le sucedió al presidente.
Aquí quiero referirme a la verdad, la cual es la correspondencia entre lo que intuimos o sabemos con la realidad. En este sentido, la verdad supone la concordancia entre aquello que afirmamos con lo que se sabe, se siente o se piensa. De allí que el concepto de verdad también abarque valores como la honestidad, la sinceridad y la franqueza. Pero,según podemos apreciar, ahora está chocando con la mentira, que es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad o la verdad en forma parcial o total.
La mentira, en el caso de los políticos mentirosos patológicos, es un acto inconsciente por adicción a mentir. Mentir en frecuencia es un síntoma de varias enfermedades mentales. Por ejemplo, las personas que sufren de trastorno de personalidad antisocial, psicópatas narcisistas, utilizan las mentiras sencillamente porque necesitan afecto. La mentira es faltar a la verdad, es ser deshonesto, es decir lo que no se piensa, es expresar sentimientos que no se tienen, es crear vanas ilusiones, es ofrecer impresiones falsas, es ser infiel a nosotros mismos y a nuestros allegados, es temer a las consecuencias de la sinceridad, es engañar y, sobre todo, fallar a la lealtad y confianza de los mexicanos.
Desde Palacio Nacional, durante más de cuatro años, han brotado a raudales la mentira y el discurso de odio contra los principales periodistas, esos que hoy deberían ser aliados del presidente. Y hoy, cuando se les exige aceptar la versión del tercer contagio presidencial, no le creen.
(Visited 1 times, 1 visits today)