
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Sábado 6 de mayo de 2023
Para ilustrar el tema de hoy quiero recordar que el 24 de septiembre de 1981, Lauro Ortega Martínez fue postulado como candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a gobernador de Morelos para el periodo 1982-1988. El galeno de Xochitepec era diputado federal por el IV distrito con cabecera en Jojutla. El encargado de hacer el destape en dicha ciudad sureña fue Heladio Gutiérrez Ortega, a la sazón secretario general de la Liga de Comunidades Agrarias (CNC) en el estado. Aquello, vía el CEN del PRI, fue ordenado por José López Portillo desde Palacio Nacional.
Y un día después, el 25 de septiembre de 1981, fue anunciado con espectacularidad el destape de Miguel de la Madrid Hurtado como candidato priísta a la presidencia de la República, lo cual corrió a cargo (en Ciudad de México) de los tres sectores del PRI (agrario, campesino y popular) mediante un boletín enviado a los medios de comunicación donde se informaba de su decisión, turnada a Javier García Paniagua, entonces presidente del Comité Ejecutivo Nacional del multicitado instituto político. De la Madrid Hurtado era titular de la extinta Secretaría de Programación y Presupuesto.
Ambas postulaciones fueron decididas por José López Portillo. Eran los tiempos estelares del dedazo presidencial para elegir candidatos priístas a cualquier número de candidaturas.
En 1980, alguna vez vi descender a Lauro Ortega Martínez del helicóptero presidencial acompañando a López Portillo durante una gira por Morelos y no dudé al comentar que sería gobernador de nuestra entidad. Fui certero con aquel pronóstico. Don Lauro asesoraba de verdad al controversial presidente. Aquí agregaré otro dato. Por aquella época, el diputado federal por Jojutla se reunió con JLP, a quien transmitió una petición de Miguel de la Madrid Hurtado, cuya visión se enfocaba hacia Colima, donde deseaba ser gobernador. López Portillo le respondió a Ortega que no, porque tenía otros planes para su secretario de Programación y Presupuesto. Una prueba más del dedazo presidencial.
Cabe añadir que, entre el 24 y 25 de septiembre de 1981, los dos dedazos tomaron por sorpresa a propios y extraños, porque allá y entonces se estilaba cumplir con el ritual en enero de cada año en que hubiera elección de gobernador; y casi simultáneamente en el caso del candidato a presidente de la República. Los comicios locales se desarrollaban en marzo y los federales en julio. Por cierto, los de 2024 se desarrollarán el 2 de junio. Se movió un mes la fecha.
ANTECEDENTES
El término “dedazo” se remonta a la época postrevolucionaria, cuando rigieron el Partido Nacional Revolucionario (PNR) y el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), ancestros del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Casi 80 años con la práctica del mismo ritual.
Por lo anterior, la sociedad mexicana ha utilizado el término “dedazo” como una forma popular para burlarse de quienes ostentan el poder. Ha sido, desde tiempos inmemoriales, la manera de protestar contra decisiones autoritarias del régimen “revolucionario” que gobernó a México desde 1928 hasta el año 2000, cuando el PRI perdió la presidencia de la República y comenzó la era panista de 12 años. El mayor dedazo se aplicaba cada seis años, cuando el presidente saliente elegía a su relevo.
Aunque la expresión “dedazo” se usaba más como referencia a prácticas del PRI, en la cultura nacional también se utiliza en circunstancias civiles, verbigracia cuando una persona es ascendida a un cargo público o privado de forma inexplicable, sin siquiera haber considerado su carrera pública o privada, así como su experiencia previa para ello. Muchas veces el periodismo político aplica la expresión como símbolo de imposición a fuerza in situ, con el fin de reforzar la información y afirmar que dicho nombramiento fue de facto.
LAS «CORCHOLATAS»
Así llegamos a tiempos recientes. Ya comenté que “La madre de todas las elecciones” se llevará a cabo el domingo 2 de junio de 2024. Y empleo ese sobrenombre a tales comicios considerando la relevancia y el número de cargos que se disputarán. Solo por mencionar algunos citaré la renovación de nueve gubernaturas, incluida la de Morelos; y el relevo en el Congreso de la Unión (Senadores y Diputados), aunque en el caso de la Cámara Alta un importante número de sus miembros tendrá chance de reelegirse.
Con respecto a la postulación del candidato o candidata del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ha reiterado que la práctica del dedazo “ya no existe”, ni existirá cuando Morena elija, mediante “encuesta”, a su abanderado o abanderada a la primera magistratura del país. Por cierto, el manejo de las “corcholatas” de AMLO a la primera magistratura nacional, lo inició el mismísimo hombre nacido en Macuspana, Tabasco, pero lo hizo con muchísima anticipación a los tiempos “tradicionales”. Él se autonombró el “destapador” y de ahí partió el despectivo mote de “corcholatas”.
Lo que inició como una ocurrencia o la argucia para desviar la atención de los grandes problemas nacionales, hoy se le está complicando a López Obrador, pues Morena enfrenta ya el creciente divisionismo entre “morenistas” y “obradoristas”. No son lo mismo, pues los primeros pueden tolerar las ocurrencias y excesos del macuspano, pero de plano no las aceptan, aunque tampoco expresan su criterio abiertamente (no son tontos); mientras los segundos son serviles cancerberos del inquilino del Palacio Nacional. Así las cosas las tres “corcholatas” que tienen la venia de López Obrador son, en este orden, Claudia Sheinbaum Pardo, Adán Augusto López y Marcelo Ebrard.
Fuera máscaras: AMLO moverá las cosas para que la candidata sea la actual jefa de Gobierno de CDMX, aunque su “Plan B” es el secretario de Gobernación. Sin embargo, dícese que unen más las complicidades que las amistades, y en este contexto AMLO se inclinaría por Ebrard, quien sostuvo “el movimiento” con enormes cantidades de “cash” siendo jefe de Gobierno en la capital mexicana. Cabe subrayar que el secretario de Relaciones Exteriores, entre los tres, destaca por ser un hombre de estado. Y de eso está urgido el país. De Monreal mejor ni hablamos. Está destinado a la ignominia, pero, si bien le va, podría reelegirse en el Senado o sacarse la lotería con su postulación como abanderado morenista a la jefatura de Gobierno.
Eso de la encuesta de Morena en torno a la designación de su candidato o candidata presidencial es una de las más grandes vaciladas protagonizadas por AMLO, en cuyo ADN circula su pasado priísta y su admiración a dos ex presidentes: Luis Echeverría y José López Portillo. Al respecto abundan los testimonios en las hemerotecas.
En fin. Los tiempos de la “encuesta” (dedazo) de Morena se acortaron y parece que habrá de iniciarse en julio próximo, lo cual desviará la atención de la opinión pública nacional hacia otra cosa que no sean los grandes agravios nacionales.
Y me atrevo a suponer que desde hace tres años, López Obrador ha engañado a todos con la verdad; es decir, que la Sheinbaum es la “tapada” o súper “destapada”, porque anda en abierta campaña pisoteando la ley electoral. A Ebrard y Adán no les ha quedado más que servir de comparsa, haciéndole el juego a AMLO con aquello de la “encuesta”. Ambos personajes podrían, si bien les va: uno (Ebrard) incursionar en el gabinete federal de Claudia, y el otro (Adán), irse al Senado. O ambos dirigirse a la Cámara Alta. Oigan, los dividendos en ese contexto parlamentario son de lo mejor en todo el orbe, nada despreciables.
Y tocante al caso de la “encuesta” (dedazo) en Morelos, el gran acontecimiento se espera entre septiembre y octubre.
Estaremos pendientes y aquí lo comentaremos para ustedes.
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