PUNTO Y APARTE Guillermo Cinta
Octubre 12 de 2018
Buenos días. Hoy recordaré dos de los peores hechos ocurridos en Morelos durante el sexenio del panista Marco Adame Castillo (2006-2012), que la mayoría de panistas y otros politiqueros morelenses ya olvidaron, pero no así los ciudadanos productivos de Morelos y mucho menos quienes poseemos memoria histórica.
Se trata de los “toques de queda” de 2010, tan difundidos y convocados a través de las redes sociales, cuyas consecuencias fueron mediatas e inmediatas.
En lo mediato se experimentó el terror a nivel estatal, pues se suponía que esos estados de excepción servirían para un “ajuste de cuentas” entre grupos antagónicos del crimen organizado que, desde luego, se disputaban el control de las acciones delincuenciales en Cuernavaca y otras regiones morelenses.
Y en lo inmediato aquello afectó de manera grave todas las actividades económicas.
El primer “toque de queda”, acaecido desde la tarde del 16 hasta el amanecer del 17 de abril de 2010, paralizó a Cuernavaca, su zona metropolitana, Cuautla y a varios municipios de la región sur.
La capital se convirtió en un pueblo fantasma, donde los negocios cerraron alrededor de las 18:00 horas.
Todavía se recuerda el pánico que vivieron quienes buscaban las salidas en “Galerías” al advertir que la noche se acercaba. Pero nada sucedió.
Lo peor fue que, también a través de las redes sociales, se anunció otro “toque de queda” para el 29 de noviembre de 2010, pero tampoco ocurrió.
En ambas ocasiones las autoridades estatales se acobardaron y jamás dieron la cara, mientras las fuerzas federales y municipales de seguridad, tan coludidas allá y entonces con la delincuencia organizada, hicieron la vista gorda.
Llegó el periodo de Graco Ramírez y, pésele a quien le pese, desplegó un enorme esfuerzo, así como recursos para reducir los índices de criminalidad otrora existentes en el sexenio 2006-2012. Cuauhtémoc Blanco Bravo, nuevo gobernador de Morelos, puede disfrutar de un escenario donde no hay descontrol de la violencia, con una evidente reducción en los niveles delictivos, lo cual nunca deberá ser asumido con soberbia ni complacencia, pues las bandas delincuenciales siempre están a la espera de un descuido de las instituciones de seguridad para volverse a arraigar o expandir.
La sociedad local ansía que nunca reaparezcan los mentados «toques de queda», como tampoco se desea el retorno de los colgados, desmembrados, cadáveres amontonados, las balaceras por todos lados y los delitos de alto impacto que fueron comunes en el sexenio de pesadilla 2006-2012. De lo anterior existen centenares de testimonios en las hemerotecas.
Hace 12 días entró en funciones el gobernador Cuauhtémoc Blanco, cuya responsabilidad en materia de seguridad pública le fue cedida por el mandatario saliente, Graco Ramírez, con una gran supervisión del gobierno federal a través de allegados del próximo presidente Andrés Manuel López Obrador.
Quiérase o no aceptar, debo subrayar que la administración graquista jamás entró con contubernio con bandas criminales, ni solapó la violencia dejada al garete por Marco Adame y sus funcionarios del gabinete de seguridad pública, algunos de los cuales estuvieron presos por vínculos con la delincuencia organizada.
Los morelenses deseamos que el nuevo Ejecutivo evite vacíos de autoridad y ejerza con firmeza el mando de las fuerzas de seguridad y se coloque además a la cabeza de los operativos conjuntos con las instituciones federales a fin de que sacar a los reductos del crimen organizado de Morelos. Hoy se está presentando una nueva coyuntura para redoblar esfuerzos.
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