
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 29 de junio de 2023
Miembros de la Asociación de Medios de Comunicación de Morelos, presidida por el colega Carlos David Monroy, nos reunimos este miércoles con Juan Salgado Brito (JSB), “ex” de muchas cosas en nuestra entidad y en el gobierno federal. Personalmente tuve el privilegio de ejercitar la memoria, pues JSB recordó hechos históricos importantes ¡de hace cinco décadas y más! Entre las remembranzas figuraron algunas vinculadas a nuestra amistad con Lauro Ortega Martínez, gobernador de Morelos en el sexenio 1982-1988.
¿Hacia dónde quiero enfocar la columna de hoy? Desglosemos.
Durante las campañas preelectorales suele suponerse, entre quienes integran los equipos de los contendientes por un cargo de elección popular, que su “gallo” es el único que posee fortalezas, lo cual siempre ha sido un error. ¿Por qué? Porque cada ser humano tiene cualidades y se encuentra en este mundo para usarlas en su propio beneficio y en el de otros. Y así como hay fortalezas, también hay debilidades. Sin embargo, las personas más grandes de la historia fueron aquellas que descubrieron sus atributos y los utilizaron para el beneficio ajeno en grado superlativo.
Así las cosas, es importante señalar que los sujetos con más fortalezas pudieran ser los que más debilidades tienen. De hecho, se poseen más debilidades que fortalezas. Somos fuertes en dos o tres cosas y débiles en decenas o cientos de otras. Quien opine al revés es un estúpido. Y en cuestiones políticas lo que menos debe existir es la soberbia y la autocomplacencia.
Menospreciar a alguno de los adversarios políticos constituye una equivocación garrafal, porque en su aparente debilidad pueden radicar una o varias fortalezas. Varias veces le escuché decir a Don Lauro Ortega Martínez: “En la vida y en la política no hay enemigo pequeño”. La mayor fortaleza de quien hasta ahora sigue siendo considerado el mejor mandatario que ha tenido nuestro estado, fue su gran capacidad de convocatoria, de reconciliación e inclusión de propios y extraños, de diferentes partidos, a los programas gubernamentales, siempre con el propósito de lograr el desarrollo integral y la cohesión de Morelos, a la vez de que abría su administración a cualquier corriente. Lo que menos tenía don Lauro eran prejuicios.
EJEMPLO DE PERICIA POLÍTICA
A continuación narraré una historia en la que el principal protagonista fue don Lauro, pero tuve el privilegio de estar cerca de él.
Transcurría 1985, siendo yo secretario privado del gobernador. Me llamó por la red privada de la Casa de Gobierno (hoy Residencia Oficial), ordenándome que fuera con él a su oficina, de inmediato. Así lo hice.
En el interior, se encontraba solo, sin la presencia de sus famosos “ayudantes”.
– A sus órdenes, señor gobernador.
– Siéntese- me dijo.
Y acaté la orden.
Sobre su escritorio se encontraba un semanario local, de cuatro páginas, donde aparecía publicada una nota que cuestionaba al mandatario y sus propiedades en Xochitepec.
– Quiero que ahorita mismo me investigue dónde vive este señor- indicó Don Lauro en referencia al director del impreso.
– Vaya solo. Que nadie lo acompañe. Y luego me avisa.
No fue difícil localizar el domicilio de aquella persona, en la colonia Antonio Barona.
Después de la comida, alrededor de las 17:00 horas, Don Lauro me mandó traer y me preguntó si ya tenía la información. Le dije que sí. Entonces me ordenó que tomara uno de los vehículos que teníamos asignados y lo estacionara en la puerta 1 de la Casa de Gobierno (por la calle de Jantetelco). Empero, cuando salió el gobernador preguntó de quién era un Nissan estacionado al lado del inmueble. -Es mío, señor gobernador- respondió una trabajadora de la Casa, a quien le dijo: “Préstele las llaves a Cinta, en un rato se lo regresamos”. La señora no tuvo ninguna objeción.
Me coloqué en el lugar del conductor y antes de abordar por el lado del copiloto, el gobernador le indicó al comandante de su escolta:
– Permanezcan aquí. No vayan conmigo.
Así nos dirigimos hacia la colonia Antonio Barona, serpenteando varias de las intrincadas calles, hasta llegar a la casa del director de aquel semanario.
Don Lauro descendió del automóvil que después estacioné.
El gobernador tocó la puerta de la casa y abrió una señora casi de inmediato.
Se trataba de la esposa del hombre, a quien Don Lauro le dijo cordialmente:
– ¿Cómo le va? ¿Se encuentra (fulano de tal)?
Visiblemente sorprendida la señora contestó:
– Sí señor gobernador, ahorita lo llamo.
El director del semanario apareció, igual de asombrado que su esposa.
– ¡Señor gobernador! ¡Pase, pase a su humilde casa!
Entramos y Don Lauro se sentó en uno de los modestos sillones de la sala, yendo al grano.
– Oiga, me interesa responderle por la nota que apareció en su publicación. Le faltan datos. Quiero pedirle de favor que me entreviste y publique mi versión. Traiga su grabadora, si me hace el favor.
El director estaba pasmado, fue por su grabadora y escuchó la versión de don Lauro.
Cuando terminó la entrevista, el gobernador le dijo lo siguiente (trataré de repetir sus palabras):
– A partir de hoy quiero que usted sea mi amigo. Cuantas veces lo requiera vaya conmigo a la Casa de Gobierno o a Palacio. Tendrá las puertas abiertas. Quiero ser su amigo.
– Muchas gracias Don Lauro. Y cuente con mi apoyo. Con mucho gusto publicaré esta entrevista, dijo el periodista.
Y efectivamente: días después se publicó la entrevista al gobernador como nota principal.
Cuando íbamos de regreso a Casa de Gobierno, le dije a Don Lauro:
– Doctor, ¿no exageró usted poniéndole tanta atención a este periódico, considerando que no tiene gran tiraje?
Y el gobernador que me respondió:
– Mire Cinta. Es usted muy joven, pero sépalo de una vez: en la vida y en la política no hay enemigo pequeño. Nunca lo olvide.
Aquella fue una auténtica enseñanza frente a las acciones y omisiones e indiferencia de quienes, en determinado momento, incluso en la actual coyuntura política de Morelos (abundan personajes plagados de soberbia, exclusión y ofensas a muchísimos morelenses), han subestimado a los de enfrente. La historia política de Morelos está llena de este tipo de errores.
Hay algo digno de reconocimiento en Juan Salgado Brito: jamás ha perdido el piso ni se ha mareado con la infinidad de cargos públicos desempeñados a lo largo de muchas décadas de servicio público. Es el mismo que conocí hace más de 51 años, siendo yo un novel auxiliar de la entonces llamada Oficina de Relaciones Públicas y Difusión durante el gobierno de Felipe Rivera Crespo (gobernador de 1970 a 1976).
Salgado Brito se encuentra entre los principales aspirantes a la candidatura a la gubernatura por el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Es importante subrayar que desde 2006 es plenamente identificado por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. No se le debe perder de vista y mucho menos subestimarlo.
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