La convergencia de la pandemia de coronavirus con los cambios climáticos extremos ha afectado a los más vulnerables en el mundo que han pagado “el precio más alto”, advirtió el presidente de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), Francesco Rocca.
El dirigente dio a conocer el informe “El impacto combinado de los fenómenos meteorológicos extremos y COVID-19” que reveló que desde el comienzo de la pandemia, los desastres relacionados con el clima, ocurridos entre marzo de 2020 y agosto de este año, han afectado la vida de al menos 139.2 millones de personas y la muerte a unos 17 mil 242 en 433 eventos.
The massive spending in #COVID19 recovery proves that governments can act fast and drastically in the face of global threats. It is time to turn words into action and devote the same energy to the #ClimateCrisis. The climate crisis is here and we need to act now! #COP26 #UNGA pic.twitter.com/ieHBj188kL
— Francesco Rocca (@Francescorocca) September 16, 2021
Se estima que 658.1 millones de personas vulnerables han estado expuestas a temperaturas extremas, de acuerdo con el nuevo análisis de la IFRC y el Centro Climático de la Cruz Roja y Media Luna Roja, sobre los impactos combinados de los fenómenos meteorológicos y el COVID-19.
“La situación humanitaria está empeorando, está golpeando a todos pero los más vulnerables están pagando el precio más alto”, señaló Rocca, y destacó que, según el estudio, millones de personas, especialmente los más pobres del mundo, han sufrido por el choque de las crisis climática y la de salud.
Destacó además que la situación ha creado necesidad de ayuda humanitaria “sin precedentes” y advirtió que los países deben comprometerse a atender ambas crisis simultáneamente, ante la proximidad de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26).
“En el periodo previo a la COP26, instamos a los líderes mundiales a tomar medidas inmediatas no solo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también para abordar los impactos humanitarios existentes e inminentes del cambio climático“, insistió.
Al hablar en concreto del impacto directo en los países, dijo que en Afganistán, la sequía extrema ha paralizado la producción de alimentos agrícolas y disminuido el ganado, dejando a millones de personas hambrientas y desnutridas.
En el caso de Honduras, azotado por los huracanes Eta e Iota, responder a esa situación durante la pandemia significó desafíos adicionales ya que miles de personas quedaron sin protección en albergues temporales debido a las medidas para evitar el contagio.
En Kenia, el impacto del COVID-19 coincide con inundaciones en este año y previsible sequía en el próximo, y a esto se añade una plaga de langostas; en consecuencia, más de 2.1 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria aguda en las zonas rurales y urbanas.
Las restricciones por COVID-19 han ralentizado la respuesta a las inundaciones, y ha expuesto a las poblaciones afectadas a una mayor vulnerabilidad económica y sanitaria.
“El gasto masivo en la recuperación del COVID demuestra que los gobiernos pueden actuar rápida y drásticamente frente a las amenazas globales. Es hora de convertir las palabras en hechos y dedicar la misma energía a la crisis climática”, afirmó Rocca.
Con información de EFE
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