La sabiduría popular mexicana nunca se ha equivocado al acuñar sabias frases, como la siguiente: “Te haces como el tío Lolo… que se hace pendejo solo”.
Efectivamente. Los dichos o adagios populares suelen expresar emociones de enojo o alegría, pero también sirven para justificar el estado evidente de alguien que se está haciendo pen… tonto. Las expresiones se suavizan y decimos: “Se hace como el tío Lolo”. Que es lo mismo.
Este miércoles, durante la conferencia de prensa mañanera del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, fuimos testigos, una vez más, de la forma en que el encumbrado inquilino del Palacio Nacional maquilla la realidad y encubre a destacados miembros de su gobierno cuando son acusados de determinada responsabilidad, sea política, administrativa y/o penal. Es el caso del todavía director general del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño Yáñez, quien ha trabajado para el macuspano en diferentes épocas. Son amigos, pues. AMLO indicó que no removerá al susodicho personaje, mientras no exista una resolución de la Fiscalía General de la República. Y Garduño tampoco le ha presentado su renuncia. Mientras tanto sigue pasando el tiempo y creciendo al manto protector de la impunidad, la misma que se le concede a quienes hablan el mismo lenguaje de madriguera.
A raíz de los lamentables hechos acaecidos en Ciudad Juárez el pasado 27 de marzo en un centro de detención (que no albergue) donde eran encarcelados migrantes ilegales, Garduño se encuentra inmerso en un berenjenal. Cualquiera sabe que ahí hubo un incendio, resultando fallecidos 40 indocumentados, en su mayoría guatemaltecos, cuyos cuerpos fueron repatriados a su país de origen este martes. Ahí reapareció Francisco Garduño Yáñez, solo para ser informado de que la FGR le abrió un procedimiento penal por su presunta responsabilidad en los deplorables hechos. Sobre su culpabilidad, a nadie cabe la menor duda.
EL ENCUBRIMIENTO
Son muchas las formas en que alguien se hace pen… o como el tío Lolo. Uno de varios delitos implícitos es el encubrimiento, tipificado muy claramente en el Código Penal Federal. Este ordenamiento, en el título 23, artículo 400, establece que se aplicará prisión de tres meses a tres años y de quince a sesenta días multa, al que:
I.- Con ánimo de lucro, después de la ejecución del delito y sin haber participado en éste, adquiera, reciba u oculte el producto de aquél a sabiendas de esta circunstancia. Si el que recibió la cosa en venta, prenda o bajo cualquier concepto, no tuvo conocimiento de la procedencia ilícita de aquélla, por no haber tomado las precauciones indispensables para asegurarse de que la persona de quien la recibió tenía derecho para disponer de ella, la pena se disminuirá hasta en una mitad;
II.- Preste auxilio o cooperación de cualquier especie al autor de un delito, con conocimiento de esta circunstancia, por acuerdo posterior a la ejecución del citado delito;
III.- Oculte o favorezca el ocultamiento del responsable de un delito, los efectos, objetos o instrumentos del mismo o impida que se averigüe.
VII.- Desvíe u obstaculice la investigación del hecho delictivo de que se trate o favorezca que el inculpado se sustraiga a la acción de la justicia.
Etcétera, etcétera.
El encubrimiento no es un delito grave, pero cuando desde las altas esferas del poder nacional se utiliza para proteger a cómplices, adquiere un evidente matiz político, una responsabilidad política. Sin embargo, la actual clase gobernante a diario se desayuna a sus críticos y acusadores, proyectando la actitud del tío Lolo y cumpliendo la frase acuñada hace muchas décadas por el inolvidable periodista Roberto Blanco Moheno: “En México nunca pasa nada”.
En otra ocasión nos referiremos al delito de tráfico de influencias, tan socorrido por funcionarios y políticos adscritos a cualquier partido. Todos están cortados por la misma tijera. No han cambiado y no van a cambiar.
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