
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 13 de abril de 2023
En incontables conferencias de prensa mañaneras el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha referido a muchos de sus adversarios como “hipócritas”.
¿Qué es la hipocresía? Una apretada definición señala que es la falsedad de una persona en sus acciones o en sus palabras, fingiendo o pretendiendo cualidades o sentimientos que, en realidad, no tiene. La palabra, como tal, proviene del griego ὑποκρισία (hypokrisía).
La hipocresía emana del deseo o necesidad de esconder nuestros sentimientos o motivaciones reales a los demás, proyectando una imagen falsa o irreal de nosotros mismos. En la hipocresía existe una inconsistencia entre lo que se piensa y se hace o se dice, esto con la finalidad de no revelar nuestra verdadera personalidad. En tal sentido, la hipocresía es engañar a los demás; es una de las tantas formas que adquiere la mentira. Por lo tanto, no existe diferencia entre los detractores de López Obrador, él mismo y quienes representan lo más granado de la denominada Cuarta Transformación. Son parte de la política, la cual se sustenta en la mentira, pues sin ella (la mentira) no hay debate, y sin debate no hay política.
Muchas veces me he referido a la doble moral y el doble discurso entre los más reconocidos miembros de la clase política, pero sus actos delatan mentira. Aunque se esfuerzan por parecer mejores personas de las que son, finalmente todo aquello no es más que apariencias basadas en la mentira, en el falseamiento.
Les recomiendo un magnífico libro titulado “LA HIPOCRESÍA POLÍTICA. La máscara del poder, de Hobbes a nuestros días” (Editorial Avarigani, Madrid 2018), obra de David Runciman, catedrático de política en Cambridge y director del Departamento de Política y Estudios Internacionales de dicha universidad. Pone el dedo en la llaga. Chequen el siguiente fragmento del libro:
“¿Qué tipo de hipócrita tendrían que votar los ciudadanos para que los gobernara? El hacerse esta pregunta enseguida nos descalificaría como cínicos. Sin embargo, lo que parece cínico es seguir aparentando que la conducta de los políticos es sincera”.
A partir de la presentación de algunos de los grandes autores de la cultura política liberal (Hobbes, Mandeville, Jefferson, Bentham, Sidgwick u Orwcll), Runciman va elaborando problemas y posibles respuestas con las que luego trata con profundidad e ingenio de las conductas de los políticos reales, de Cromwell a Hillary Clinton, de Disraeli a Tony Blair o David Cameron. Su conclusión «realista» es que tenemos que aceptar la inevitabilidad de la hipocresía como parte de la vida política de una sociedad democrática sana; o bien, que la búsqueda de la autenticidad en la política, lejos de encaminarnos a alguna forma de sociedad ideal, degradaría el ejercicio del poder hacia alguna versión totalitaria insospechada.
Como con cualquier otro asunto moral, lo importante es encontrar un criterio para distinguir las formas peligrosas de hipocresía de las formas benéficas. Para esta tarea, sostiene Runciman, es mucho mejor atender a la tradición liberal que a los fastidiosos maestros del maquiavelismo antiliberal a los que se suele acudir.
Conclusión: la hipocresía promueve injusticias, violencia y desigualdades en su entorno social, distorsionando casi siempre la justificación sobre su utilización, considerándola como necesaria y benéfica para las personas. Hoy más que nunca, en México predominan los discursos cargados de hipocresía y por ende de mentira. Pero al imaginario colectivo parece no afectarle, o de plano la sociedad mexicana se tornó cínica e inclinada a la hipocresía y a la mentira. ¿Estarán en el ADN de todos nuestros compatriotas? ¿Usted qué opina, gentil lector?
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