
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 15 de mayo de 2023
Aficionado como soy al futbol, este domingo no me perdí varios partidos, entre ellos el del Club Barcelona versus el Real Club Deportivo Espanyol, cuya sede es el Estadio Corneprat, situado en la zona metropolitana de Barcelona, dentro de la jurisdicción de Cataluña. Infortunadamente para el equipo local, perdió 4 goles a 2, con lo cual el rival visitante se coronó campeón de la Liga Española.
El estadio se encontraba a reventar, calculándose que entraron alrededor de 50 mil aficionados. Al final del encuentro, titulares y suplentes del Barcelona saltaron a la cancha a festejar, lo cual encolerizó a los seguidores del Espanyol. Alrededor de dos mil saltaron la valla de seguridad, pasaron por encima de los guardias civiles y corrieron hacia los jugadores que, muy felices, celebraban su triunfo. Alguien los alertó y todos corrieron en estampida rumbo a los vestidores, mientras policías uniformados protegían la entrada. Los encolerizados “hinchas” alcanzaron a destruir lo que encontraron a su paso. Y al cabo de unos minutos, poco a poco se dirigieron a las tribunas, sin que el delicado asunto pasara a mayores. La directiva del Real Club Deportivo Espanyol emitió un boletín disculpándose por el violento hecho, en tanto las autoridades deportivas de España exploran la posibilidad de aplicar una sanción al estadio. Etcétera, etcétera.
De alguna forma u otra, el comportamiento de esa enardecida multitud me recordó otros hechos violentos, donde, gracias al anonimato, se ha linchado a presuntos responsables de delitos y, respecto al caso en que habitantes de alguna colonia capturaron a supuestos delincuentes, casi los mataron a golpes. Frecuentemente se difunden vídeos sobre asaltos a usuarios de unidades del transporte público, que, decididos a hacer justicia por propia mano, propinaron tremendas felpas a los ladrones.
Es aquí donde quiero recordar a Gustave Le Bon, sociólogo, psicólogo social y físico aficionado francés, reconocido por sus aportaciones sobre la dinámica social y grupal; autor de numerosos trabajos en los que expuso teorías sobre los rasgos nacionales, la superioridad racial, y el comportamiento y la psicología de las masas.
Si nos basamos en los textos de Le Bon inferimos que las manifestaciones presuntamente reivindicatorias, en realidad fueron un comportamiento colectivo dentro de un momento determinado e inducido; es decir, por el simple hecho del número, los miembros de la masa adquirieron “un sentimiento de potencia invencible, aunque cediendo a instintos que, por si solos, habrían frenado forzosamente” (…) La mayoría, por ser anónima e irracional, soslaya el sentimiento de responsabilidad que retiene siempre a los individuos”.
Sin embargo, las imágenes que llegan a transmitirse por la televisión nacional e internacional siempre proyectan a México como un país donde la violencia social mantiene el carácter político, en la medida en que las protestas cuestionaron el orden político y social existente, y cuando el ser humano percibe a la masa como un poder invencible. Deja de sentirse responsable porque en ella es una figura anónima.
Empero, ese comportamiento de las masas, en diferente contexto, pudiera tratarse de “un rebaño servil”, que por lo mismo no existe sin un amo. Atención con lo que ha sucedido en México en años recientes: ese amo o líder debe ser alguien con fuerte personalidad, creencias muy definidas y una voluntad poderosa. El discurso de odio se ha transferido al imaginario colectivo con resultados funestos en las calles. Y esto amenaza con empeorar cada día. Llegará el momento en que ni siquiera las más altas autoridades de este país podrán “domar” a la fiera.
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