
PERSPECTIVA
Por Marcos Pineda
Martes 11 de enero de 2022
Las secuelas son definidas, en concreto y en lo general, como consecuencias. Se producen por enfermedades o traumatismos y se identifican como trastornos o lesiones. Según el caso, pueden ser de mayor o menor gravedad, temporales o permanentes, más o menos evidentes. Y quizá ameriten tratamientos específicos.
En lo particular, para el caso de la COVID-19, los especialistas han detectado y mantienen en estudio una gran variedad de secuelas como el denominado síndrome post COVID, es decir, la persistencia de los síntomas por períodos mayores a cuatro semanas, después de haber superado una infección aguda, que llega a considerarse crónico al rebasarse los tres meses. En esos casos el afectado sigue presentando fatiga, dolor de cabeza, pérdida del olfato o del gusto.
Más allá, hay otras afectaciones que pueden presentarse a diferentes órganos. Mencionaré solamente algunas: daños en nervios e inflamación, daños a pulmones, páncreas, riñones, daños neurológicos, o sea al cerebro, al corazón, el bazo, al hígado, a los intestinos y pérdida del cabello, entre otros.
Para agosto del 2021, el Instituto Mexicano del Seguro Social había reportado que, nada más esa institución, ya había atendido a 178 mil de sus derechohabientes por secuelas de COVID-19. La pandemia continúa, afortunadamente con una proporción menor de hospitalizaciones y fallecimientos en México, pero con la convivencia de diferentes variantes del mismo virus, destacando Delta y la muy contagiosa Ómicron. No se necesita ser especialista para darse cuenta de que tratar el tema de COVID como algo transitorio y sin consecuencias, si quien se contagia vence la infección, es un grave error. Encima, ya quedó perfectamente claro que aun vacunados y ya habiendo padecido la enfermedad, es posible volver a contagiarse, tanto como es posible que los contagiados asintomáticos sigan esparciendo el virus, sin saberlo. Y, hoy por hoy, el más claro ejemplo de ello es el propio presidente Andrés Manuel.
Por supuesto que deseo una pronta recuperación al presidente de la República. No obstante, sí es importante resaltar su conducta irresponsable que lo llevó a contagiarse por segunda vez. Ni siquiera porque presentaba ya síntomas tuvo la decencia de usar cubrebocas y se presentó a su conferencia mañanera, como siempre, minimizando y desestimando los riesgos para su salud y la de los demás, así como haciendo caso omiso a las recomendaciones de los médicos. Una vez más quiso dar su versión, sus datos, creyendo que era simplemente una gripa. Y una vez más, la evidencia lo desmintió. Una prueba que no pudo descalificar, la prueba de COVID.
Hoy, el ya conocido popularmente como el “doctor muerte”, Hugo López Gatell, volvió a insistir, en plena contradicción con lo que ocurrió ayer con el presidente, al que practicaron de inmediato un diagnóstico de laboratorio, que si usted presenta síntomas no se haga la prueba, que simplemente se aísle. Dice que hay escasez mundial de pruebas de COVID, así que mejor no se angustie y no busque hacerse la prueba. Lo que yo creo es que tienen un gran temor en el gobierno, en dos sentidos: que se descubra una magnitud mucho mayor de contagios, y con ellos secuelas en la salud de los mexicanos y que los dineros que utilizan para regalar, incluso ahora a países centroamericanos, tengan que ser utilizados en el sistema de salud.
Y para iniciados
Poco duró la luna de miel entre los regidores y el presidente municipal de Cuernavaca. La desarticulación del liderazgo que Hugo Manzo Godínez está construyendo al interior del cabildo ya debería ser una prioridad, según algunos observadores. Pero no será nada sencilla si la operación del tejido fino no recae en alguien con suficiente mano izquierda, con guante de hierro, dicen otros -ojo, con base en acuerdos y consensos, no en chantajes y presiones, que ha sido la nefasta tónica de los últimos trienios.
La información es PODER!!!
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