

¡GRACIAS A DIOS ES VIERNES!
11 de diciembre de 2020.
Eduardo Ángel Cinta Flores
Había prometido no atizar a la marrana, prometí no meterme más en un berenjenal cuernavacense, pero la molestia, la indignación, la impotencia que me provoca el deterioro incremental de mi auto me obliga a no guardar en la ignorancia mi reclamo.
Hay autos que se han hecho íconos a lo largo de la historia, el Ford Modelo T, que no fue de cuarta T sino de primera ya que floreció de un sistema de producción innovador a principios del siglo pasado, el Ford Mustang que en la actualidad es el único modelo original que permanece en producción ininterrumpida durante casi seis décadas, el Volkswagen sedán “El Vocho” uno de los autos más icónicos de la historia; un vehículo que sigue despertando la misma pasión y simpatía a más de 15 años de que dejó de producirse, 70 años atrás, la primer Combi salió de las líneas de ensamblaje en la planta de Volkswagen en Alemania. Hasta la fecha, más de 13 millones de unidades han seguido a la primera producida en serie. La historia de este clásico abarca seis generaciones de vehículos.
Y se quedan en el tintero muchos, muchos autos que han hecho efeméride en nuestra vida, el Fiat “Milechento”, el Renault 8, el Javelin y el Montecarlo de Chrysler, el Crown Victoria, el Maverik, el Falcon y el Gran Marquis de Ford, el “Chevy” de Chevrolet y muchos más.
¿Pero por qué esta historia?
Porque mi auto, un Volkswagen Passat se está haciendo icónico por las veces que va al mecánico y el alto costo de sus reparaciones.
Apenas el lunes se le entregó a mi mecánico de cabecera Benjamín Zermeño el importe de las refacciones que necesita para reparar una vez más a mi clásico auto estoy en espera de que lleguen para su reparación.
En muchas columnas, en diferentes administraciones municipales, me he referido al padecimiento urbano de nuestra ciudad que ha merecido el peyorativo mote de “Cuernabaches”. Apodo que a mí me ha ofendido desde hace 60 años que me lo dijeron por primera vez en la Vocacional 5 del Politécnico.
Pues bien, anoche cuando regresaba de mi trabajo como alas 9 y media de la noche, circulaba por la avenida Morelos entre las calles de Rayón y Lerdo de Tejada y caí en un pozo que está en el vil concreto, consecuencia un chipote en el neumático, ¡que vale otra lana!
Con toda caución y de la manera más respetuosa le pregunto al presidente Municipal de está sufrida y bombardeada ciudad de Cuernavaca, ¿hasta cuándo va a tolerar la incapacidad de trabajo, el qué se sigan fingiendo turistas los señores trabajadores de obras públicas y cumplan con la encomienda de su trabajo?
Pero algo raro ha de estar sucediendo ya que, en una atinada decisión, dentro de toda la bola de trabajadores corridos y aún no liquidados, ¡iban los trabajadores de obras públicas!
¡Bonita fregadera!
Sin embargo seguiremos escuchando el plañir capitalino que dice ¡yo no fuiiii, fue El Temoooo!
Amigos la semana tiene siete días y … ¡gracias a Dios es viernes!
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