

PERSPECTIVA ELECTORAL
Por Marcos Pineda
Viernes 14 de mayo de 2021
En la época hegemónica del sistema de partidos políticos en México los mecanismos de control corporativo tuvieron un papel preponderante. Muy privilegiados, incluso hasta la fecha, los sindicatos y federaciones sindicales más grandes, con mayor cantidad de miembros, fueron consentidos del régimen. Su utilidad electoral tuvo, por supuesto, beneficios incuestionables, pero también costos que el sistema pagó, a veces con creces, como en los casos de la Federación de Trabajadores al Servicio del Estado (FETSE), el sindicato petrolero, la CTM y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
Esos y muchos más sindicatos estuvieron al servicio del sistema y se sirvieron también del sistema. Sin embargo, la hegemonía fue acumulando cada vez más contradicciones y descrédito entre la sociedad, lo mismo que las asociaciones gremiales. Si bien a lo largo de varios sexenios se fueron gestando movimientos opositores al entreguismo sindical y a los caciques que los dominaban, no fue sino hasta pasadas las fraudulentas elecciones de 1988 que algunos de esos líderes, llamados “charros sindicales”, se dieron cuenta de que el sistema ya no podría seguir igual, que las presiones internas y externas lo obligarían a dar paso a una transición a la democracia, que al paso de los años ha resultado larga e incompleta.
Así, como dijera Ignacio Morales Lechuga, los dirigentes sindicales percibieron “vientos de cambio” y se propusieron actuar en consecuencia. Apostaron por nuevas alianzas con grupos y personajes contrarios al régimen, lo que en ocasiones les costó muy caro, desde el ostracismo hasta la prisión, con todo y el inmenso poder político y económico que hubiesen acumulado. Ahí están La Quina, Napito, Elba Esther y Romero Deschamps para ejemplificar diferentes casos de un mismo proceso.
Pero estos y otros sindicalistas no fueron formados en la vocación democrática. Su formación fue en el “charrismo sindical” duro, antidemocrático y demagógico. Fue una época de incertidumbre para los siervos del sistema. Las reformas a las leyes electorales, la creación del INE y el avance de la derecha y los continuos retrocesos de la izquierda, por las pugnas y pleitos interiores que la han caracterizado, no les permitía tener claro a qué tipo de régimen era al que servirían en el mediano plazo. Así que tomaron rumbos diversos.
Algunos, como Elba Esther, se quisieron montar en la ola de la transición a la democracia. Ella, a principios de los noventa, llevó a cabo una reforma estatutaria del SNTE que se antojaba de avanzada, profunda y democrática. Suponía la elección de los cuadros dirigentes a través del sufragio secreto, en sus congresos seccionales, el reconocimiento explícito del derecho a la libre afiliación partidaria de sus miembros y la no reelección de la persona que ocupara el cargo de secretario general. Al final, creó su propio partido político y se entronizó como dirigente vitalicia. Lo que hoy vemos en el SNTE es consecuencia de todo lo anterior.
Como sea, el papel electoral de los sindicatos parecía haber cambiado. Pero no, hoy el régimen de la autodenominada cuarta transformación ha vuelto a la fórmula de adquirir el control corporativo, con la cooptación de charros sindicales. El problema que enfrentan es que esos gremios están, en su mayoría, atomizados y desarticulados. Jalan hacia distintos lados, dependiendo qué les ofrezcan. Volver a tener el control corporativo para el sistema no será fácil, ya que supone la aniquilación de las oposiciones sindicales. Por lo pronto, jugar con todos los que se pueda es la opción, hoy por hoy.
Y para iniciados
Los tambores de guerra ahora sí comienzan a sonar fuerte. Quienes saben de estrategias de contra campaña no adelantan ni retrasan las patadas bajo la mesa, ni las campañas sucias. Las dan en el momento preciso, porque de eso depende que tengan mayor o menor éxito. Si se adelantan, dan tiempo al adversario para que logre operar el control de daños y, si las retrasan, ya no logran permear en el ánimo colectivo. El próximo lunes quedarán diecisiete días más de campaña, en los que veremos qué pasa en ese tema, pero también sabremos si candidatas y candidatos son capaces de reorientar su estrategia y hacer un cierre con todo, o de plano terminan por desinflase.
Excelente fin de semana.
La información es PODER!!!
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