
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 25 de abril de 2023
Estoy leyendo el excelente y muy recomendable libro titulado “Del fascismo al populismo en la historia” (Editorial Taurus, México, julio 2018), obra del argentino Federico Finchelstein, doctor en historia por la Universidad de Cornell y catedrático en la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales (New School for Social Research) y el Eugene Lang College de Nueva York. De manera sucinta, describe a varios de los gobernantes populistas actuales, incluido el mexicano Andrés Manuel López Obrador, con la siguiente reflexión:
“El adversario es el enemigo del líder y del pueblo (…) Un enemigo al que no solo se demoniza, sino que se elimina, primero del sistema político y, en muchos casos, también físicamente”.
Federico Finchelstein establece la diferencia entre fascismo y populismo, pero desde mi punto de vista, ambos son divididos por una fina línea que, respecto al caso mexicano, ha hecho sucumbir al presidente de la República en turno. Un claro ejemplo de lo anterior es la reciente confrontación del gobierno de la 4T con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Aquello de “al diablo con las instituciones” y “que no me vengan con que la ley es la ley”, nos traslada a la esencia del populismo, muy a la manera de Hugo Chávez y Maduro en Venezuela.
A continuación transcribiré 16 rasgos comunes del populismo contenidos en el libro de Finchelstein:
1) La adhesión a una democracia autoritaria, electoral, antiliberal, que rechaza en la práctica la dictadura, aunque de por medio hay tentaciones para dirigir el gobierno hacia ese sistema.
2) Una forma extrema de religión política.
3) Una visión apocalíptica de la política que presenta los éxitos electorales, y las transformaciones que esas victorias electorales transitorias posibilitan, como momentos revolucionarios de la fundación o refundación de la sociedad.
4) Una teología política fundada por un líder del pueblo mesiánico y carismático. Aquí se describe la esencia de López Obrador. No hay duda. Se autopercibe como omnipotente y omnipresente. Casi un iluminado.
5) La idea de que los antagonistas políticos son el antipueblo, a saber: enemigos del pueblo y traidores a la nación. Por ejemplo el INE, el INAI, la SCJN, los partidos opositores, los periodistas investigadores, los intelectuales, los empresarios contrarios a los contubernios con el gobierno. O estás a favor de la 4T o estás en su contra. No hay puntos medios.
6) Una visión débil del imperio de la ley y la división de poderes. Como ya se dijo: que no me vengan con que la ley es la ley.
7) Un nacionalismo radical. Ejemplo es el reciente discurso, en Oaxaca, sobre una supuesta invasión de Estados Unidos y la disposición “del pueblo” para defender nuestra soberanía, junto con el Ejército y la Marina.
8) La idea de que el líder es la personificación del pueblo. AMLO al ciento por ciento. Para todo usa el concepto “pueblo”.
9) La identificación del movimiento y los líderes con el pueblo como un todo.
10) La reivindicación de la antipolítica, lo que en la práctica implica trascender la política tradicional.
11) La acción de hablar en nombre del pueblo y contra las elites gobernantes. Esto se practica a diario en las conferencias mañaneras.
12) Presentarse a sí mismos como defensores de la verdadera democracia y opositores a formas reales o imaginadas de dictadura y tiranía (Unión Europea, estados paralelos o profundos, imperios, cosmopolitismo, globalización, golpes militares, etc.).
13) La idea homogeneizadora de que el pueblo es una entidad única y que, una vez el populismo convertido en régimen, este pueblo equivale a sus mayorías electorales.
14) Un antagonismo profundo, incluso una aversión, con el periodismo independiente. Más claro ni el agua: a diario se ataca a los periodistas no afines a la 4T, desde el púlpito del Palacio Nacional.
15) Una antipatía hacia el pluralismo y la tolerancia política.
16) Un énfasis en la cultura popular e incluso, en muchos casos, en el mundo del entretenimiento como encarnaciones de tradiciones nacionales.
El populismo consiste en la redefinición de la escena política a través de la articulación de un sujeto que se manifiesta como oposición a un sistema institucional incapaz de satisfacer las necesidades populares más sentidas. Opera sobre una lógica de hacer equivaler un conjunto plural de demandas insatisfechas alrededor de una demanda específica (verbigracia la corrupción) que, por razones coyunturales adquiere especial visibilidad. Esta demanda específica se transforma en un significante vacío que, con frecuencia, se encarna en el nombre de un líder carismático (AMLO) que se presenta como el único capaz de dar cumplimiento al pueblo así constituido.
Los líderes carismáticos abundan en la vida política y no son necesariamente autoritarios. Sin embargo, el líder populista siempre aparece investido de un aura especial y reclama una adhesión mística, incluso irracional y, por tanto, relativiza y pospone la necesidad de fundar un verdadero estado de derecho. Es un líder al que poco le importa presionar hasta el límite la legalidad para hacer valer la voluntad presidencial. En el caso mexicano actual pretende suprimir el orden constitucional e imponer la voluntad emanada del presidente con apenas mediaciones institucionales. Por eso en México estorban los contrapesos y los organismos autónomos.
Es notario también la práctica de satanización agresiva de distintos adversarios que se traen a la escena pública según la conveniencia del momento. Sobre lo anterior abundan los casos en las mañaneras del Palacio Nacional. Luego seguimos con este tema.
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