
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 18 de abril de 2023
Un lector me hizo la siguiente pregunta: “¿Por qué se pelean tan a menudo los políticos morelenses?”. Hoy le responderé por este medio, esperando satisfacer su interés en el tema, sin duda alguna importante para comprender las causas por las cuales, conforme avanzamos hacia el proceso electoral de 2024, los miembros de la política nacional y estatal aparecen con mayor crispación.
Las frecuentes agresiones contribuyen a un rápido deterioro de la débil cohesión social, impactando sobremanera en la competitividad de las regiones y su desarrollo económico. Por lo tanto, debemos responder a la siguiente pregunta: ¿Qué es la agresión?
Una apretada definición indica que se trata de un acto, comportamiento o acción de un individuo o de una colectividad, dirigido conscientemente a dañar, someter, disminuir, herir física o psíquicamente a otro individuo o colectividad de manera arbitraria o ilegítima desde el punto de vista de la víctima o del sistema social de la que forma parte. Puede ser simbólica o real; inmaterial o material. Su forma extrema en sentido material es la violencia.
Los componentes secuenciales son individuos, grupos, sistemas, mecanismos de decisión, estructuras y colectividades, bajo los siguientes factores: disposición individual a la agresión innata o adquirida; los grupos de interés; las élites dominantes; los medios de comunicación masiva; el sistema político y la cultura política; el gobierno y la burocracia central; la estrategia internacional de un país hacia otro; la dinámica de decisión en momentos críticos; los procesos de escalada; la dinámica propia y las reacciones del ambiente internacional; la acción de clases sociales; el lenguaje político.
Las agresiones varían según el grado de preparación y organización. Se requiere la verificación de un determinado acontecimiento o la presencia de un factor psicológico, ecológico, informativo o estructural para originar la fase posterior. Relacionado con esto último, no hay agresión mientras no exista la disputa por recursos. Si la secuencia se interrumpe en una de las fases preliminares, la agresión no ocurre.
Ejemplo de lo anterior son los frecuentes ataques de grupos o individuos a determinados gobiernos que, en sus respectivos periodos de vigencia, disponen de cantidades indeterminadas de recursos, mientras sus adversarios no. Aplica entonces la frase: “Quítate para que yo me ponga”. El grave problema en Morelos es que son escasos los recursos, siendo aún los tres poderes estatales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) donde se pagan los mejores salarios, así como lucrativas pensiones por jubilación. Por eso son miles los aspirantes a ocupar cargos públicos, sean de elección popular o dentro de estructuras burocráticas.
ESTÍMULO DE LA AGRESIÓN
¿Cómo se estimula la agresión? Puede ser mediante la instigación, especialmente por parte de líderes carismáticos e ideológicos, en cuanto que aumenta el nivel de tensión entre los destinatarios del mensaje y la dirige sobre el objeto deseado (la mayoría de las veces vinculado a la disputa por recursos). Ejemplo de lo anterior lo es López Obrador, quien un día sí y otro también agrede a sus adversarios en las conferencias mañaneras. También tenemos la designación de un individuo, grupo, etc., como chivo expiatorio; la presencia de un fuerte conflicto en ausencia de instrumentos eficaces de control social; la división del trabajo cuando asume carácter competitivo, como en las sociedades capitalistas; la estructura de la familia; los episodios de pánico subsiguientes a catástrofes naturales o sociógenas; y cualquier forma de justificación del crimen, o bien de aprobación ideológica de los sufrimientos infligidos o infligibles a otros, a través del doble mecanismo de la legitimación moral del propio acto y de la deshumanización de la víctima.
“La conflictividad actual o potencial de un asunto en la comunidad política es el factor que favorece su expansión y difusión. Asuntos inofensivos, que no desatan enfrentamientos, quedarán circunscritos en su localidad y pasarán sin ser vistos. Sólo demandas, asuntos, reivindicaciones, problemas, actual o potencialmente conflictivos, son los candidatos. Acontecimientos sociales que sirven de mecanismos de disparo, como son catástrofes, cambios tecnológicos, sucesos económicos, crímenes, elecciones, etcétera; y actores sociales que se encargan de convertirlos en cuestiones y ofrecer su primera definición; son los iniciadores, el primer paso del trayecto hacia la conformación de la agenda” (Luis F. Aguilar Villanueva, “Problemas públicos y agenda de gobierno”. Editorial Porrúa, México, 1993).
Para continuar debo referirme al libro “Mexicanidad y esquizofrenia”, de Agustín Basave (Editorial Océano, México, 2010), donde leemos el excelente prólogo a cargo de Roger Bartra, antropólogo, sociólogo, escritor, ensayista y profesor emérito de la UNAM, quien pone el dedo en la llaga. Escribió Bartra:
“Hay quienes están convencidos de que el origen del atraso socioeconómico y político se encuentra en las instituciones, y que el remedio no puede ser otro que la modificación de los soportes legislativos, que adolecen de un vicio de origen: fueron diseñados para fundar un sistema autoritario que no se apoyaba en una legitimidad democrática (…) El problema aquí consiste en que, para modificar la estructura constitucional del país, es necesaria una racionalidad que no parece ser una de las peculiaridades de la clase política y las élites empresariales. Ciertamente, no hay mucho que nos permita confiar en que las élites políticas sufran un insólito ataque de racionalidad. Más probable es que, ante tensiones sociales o políticas, hagan de tripas corazón y acepten con cierta tolerancia ponerse de acuerdo para remendar un poco los segmentos más descosidos o gastados del tejido constitucional”.
Espero haber respondido a nuestro lector.
Desde mi particular punto de vista, la confrontación y no la coexistencia pacífica seguirá siendo la constante los próximos meses, mientras simultáneamente se reagrupan las fuerzas políticas rumbo a “La Madre de Todas las Elecciones” de 2024. La búsqueda del poder por los partidos políticos no necesariamente se relaciona con el servicio a la sociedad, sino a la necesidad de encontrar los ansiados recursos. Repito: si no hay disputa por tales recursos, no hay conflicto social, ni tampoco la necesidad de recurrir a la agresión tal como la practican a diario los integrantes de la clase política morelense.
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